Cuando la ciencia es ilusión

Alberto Hernández Barranco

En 1997 un equipo de publicistas de Los Ángeles, dirigido por el fundador y presidente de Apple Steve Jobs lanzó una campaña publicitaria bajo el slogan ‘Think Different’. En ella se escuchaba una frase pensada por el propio Jobs que decía: “Aquellos que están suficientemente locos como para pensar que pueden cambiar el mundo, son los que lo hacen”.

La investigación es la lucha activa contra los grandes desafíos a los que nos enfrentamos y también es la ilusión de poder solucionarlos

Mentiríamos si dijéramos que vivimos en un mundo que no necesita ser cambiado. Por desgracia, nuestra sociedad tiene muchos, muchos problemas. Algunos de ellos de una envergadura tan grande que nos abruma, y eso nos hace tender en ocasiones al desánimo, a pensar que no podemos solucionar ciertas cosas, que no tenemos herramientas para hacerlo, que no sabemos ni por dónde empezar. Es duro, hay que asumirlo, pero, aunque muchas veces no contamos con la solución a esos problemas en el momento, debemos recordar que tenemos el potencial para encontrarla. La resolución de cada uno de esos retos es un proyecto, que lleva asociado un proceso más o menos largo de búsqueda de respuestas. En él están implicadas una serie de personas que trabajan cada día pensando que van a conseguir arreglar el problema y contribuir a que la sociedad sea un poquito mejor. Muchas de esas personas son lo que en esencia para mí significa ser científico. La investigación es la lucha activa contra los grandes desafíos a los que nos enfrentamos y también es la ilusión de poder solucionarlos. Esta ilusión es un arma muy poderosa, ya que nos hace libres para para pensar que realmente podemos cambiar el mundo.

Equipo de trabajo de Alberto Hernández (tercero por la izquierda) en su grupo Microambiente y Metástasis, liderado por Héctor Peinado (en el centro)./CNIO

El camino que he elegido me ha llevado a enfrentarme con el cáncer, una enfermedad que en 2018 acabó con la vida de 9,6 millones de personas. Pero esto no es solo una cifra, son 9,6 millones de historias con cara, con padres y madres, con hijas e hijos que tal vez se quedaron solos, con amigos, con parejas, con planes sin terminar. Desgraciadamente, muchos de los que leemos estas líneas, habremos conocido de cerca algunas de ellas.

En febrero de 2017, durante la realización de mi trabajo final del master en Biomedicina Molecular (Universidad Autónoma de Madrid), me uní al grupo de Microambiente y Metástasis liderado por el Dr. Héctor Peinado en el CNIO. El principal objetivo de este grupo se basa en comprender los mecanismos que permiten a los tumores diseminarse a órganos sanos de nuestro cuerpo en el transcurso de la enfermedad. Es lo que se conoce como metástasis, y es el paso más crítico en la evolución del cáncer, puesto que supone la causa del 90% de las muertes en pacientes con tumores sólidos.

En los últimos años, se ha descubierto que una de las claves para entender la metástasis consiste en comprender cómo los tumores se comunican con células normales de su entorno cercano y de esos órganos que posteriormente colonizan. Un ejemplo de esto es la producción de pequeños envoltorios lipídicos a modo de “sacos”, conocidos como vesículas extracelulares.

La metástasis es un proceso extraordinariamente complejo y son muchos los factores involucrados en ella. En los últimos años, se ha descubierto que una de las claves para entenderlo consiste en comprender cómo los tumores se comunican con células normales de su entorno cercano y de esos órganos que posteriormente colonizan. Un ejemplo de esto es la producción de pequeños envoltorios lipídicos a modo de “sacos”, conocidos como vesículas extracelulares (exosomas). Son esferas nanométricas que transportan proteínas y material genético a través de los sistemas circulatorio y linfático de nuestro cuerpo. Cuando esas señales llegan a los tejidos, estos son modificados y, en cierta manera, “corrompidos”, de modo que se transforman en ambientes más óptimos para que las células tumorales se establezcan y crezcan. Este sistema que el tumor utiliza en su beneficio para garantizar su evolución y supervivencia, nosotros lo hemos aprovechado como un arma contra él. Hace poco nació en la clínica la biopsia líquida, que ha despertado mucho interés en los últimos años. La técnica, en lugar de tomar un pequeño fragmento del tumor en sí mismo, como ocurre con las biopsias normales, molestas e invasivas para los pacientes, busca señales (biomarcadores) del tumor en distintos fluidos biológicos, como la sangre. Esto permitirá, en un futuro, tomar muestras que permitan diagnosticar a los pacientes de un modo más rápido, cómodo y preciso, así como monitorizar a los enfermos para buscar presencia residual de la enfermedad tras los tratamientos.

Nuestro estudio sugiere que este tipo de biopsia permitiría discernir la gravedad de la enfermedad y de este modo ayudar en la elección de los tratamientos adecuados para cada paciente.

Desde nuestro grupo hemos contribuido a dar un paso más para demostrar la utilidad y posibles aplicaciones futuras de esta técnica con nuestra última publicación: “Use of extracellular vesicles from lymphatic drainage as surrogate markers of melanoma progression and BRAFV600E mutation”, fruto de una colaboración internacional que ha implicado a miembros de nuestro equipo, pero también a las unidades de Proteómica y Microscopía Electrónica del CNIO, y departamentos clínicos del Maria Sklodowska-Curie Institute–Oncology Center en Warsaw (Polonia) y del Hospital 12 de Octubre de Madrid, entre otros. El estudio se ha centrado en muestras de pacientes con el tipo de cáncer de piel más agresivo que existe, el melanoma (uno de los tumores más invasivos y peligrosos), y hemos caracterizado, por primera vez, la presencia de vesículas extracelulares generadas por el melanoma en un fluido biológico novedoso: el seroma exudativo, que se acumula en las heridas dejadas tras la cirugía para retirar los ganglios linfáticos invadidos por los tumores. Todo ello reveló que, en el seroma de los pacientes con un pronóstico más negativo, se detectaban vesículas extracelulares y ADN circulante con mutaciones en el gen BRAF, típicas del melanoma.

Dsitribución de exosomas de melanoma (en rojo) en un nódulo linfáctico de ratçon (azul)./CNIO

Nuestro estudio sugiere que este tipo de biopsia permitiría discernir la gravedad de la enfermedad y de este modo ayudar en la elección de los tratamientos adecuados para cada paciente. En principio, esta biopsia líquida sería aplicable a otros tipos de cáncer y a otros genes implicados en el proceso tumoral. Incluso estamos evaluando actualmente la posibilidad de realizar la biopsia líquida directamente en plasma, a través de una muestra de sangre, lo que posibilitaría monitorizar la enfermedad con mayor frecuencia.

Creo que cuando una enfermedad como el cáncer te toca de cerca, tomar conciencia de que hay gente detrás contigo, te ayuda a enfrentarte al problema de un modo diferente.

Ir alcanzando poco a poco estos pequeños hitos es muy importante. No solo porque es lo que permite que vayamos avanzando, sino porque, en un universo que consiste en enfrentarse constantemente a lo desconocido, es enormemente gratificante poder echar la vista atrás de vez en cuando y pensar: si esto ya lo hicimos, podemos hacer mucho más. Si además el logro se realiza en un área traslacional, como es el caso, que genera una realidad práctica y tangible, no solo es motivador para nosotros como profesionales, sino que además nos ayuda a transmitirle a la sociedad que seguimos en ello, que la lucha no se para. Creo que cuando una enfermedad como el cáncer te toca de cerca, tomar conciencia de que hay gente detrás peleando contigo, te ayuda a enfrentarte al problema de un modo diferente.

Definitivamente, hay que estar un poco ‘loco’ para iniciar una carrera como investigador, y más en nuestro país, con las enormes dificultades a las que muchas veces nos enfrentamos los científicos (búsqueda de financiación, trabas administrativas…). Seguramente no todo el mundo esté hecho para ello, pero al final, cuando descubres que esto es lo tuyo, cuando te sientes partícipe de esta comunidad y compartes los éxitos, las derrotas, la preocupación de los pacientes y de sus seres cercanos, cuando pones en ello verdadera pasión, hay algo por dentro que te dice que esto es lo correcto, que tú estás ahí y merece la pena.

A los futuros científicos y científicas que os hayáis aventurado a leer este blog y a compartir estas líneas conmigo hasta el final, os animo a tener ilusión, a estar lo suficientemente ‘locos’ como para pensar que podéis cambiar el mundo.

 Alberto Hernández es estudiante predoctoral en el Grupo de Microambiente y Metástasis del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Tras graduarse en Biotecnología por la Universidad Politécnica de Madrid realizó un master en Biomedicina Molecular en la Universidad Autónoma de Madrid, donde actualmente cursa sus estudios de doctorado gracias al apoyo de una beca de la fundación La Caixa. Su último trabajo “Use of extracellular vesicles from lymphatic drainage as surrogate markers of melanoma progression and BRAFV600E mutation” fue publicado en Journal of Experimental Medicine el 11 de Abril de 2019.”

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2019-04-12T10:04:50+00:0012/04/2019|

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