Educar en ciencia, una forma de protegerla

Pongámonos a pensar una palabra que defina la época actual… Tres, dos, uno, ¿la tienes?

¿Es ‘Internet’? ¿No? Tampoco era mala opción, ¿verdad? Internet se extiende a lo largo y ancho del planeta, contactándonos a unos y a otros y, sobre todo, creando un mundo de información accesible para cualquier persona.

Todo alegrías hasta que llega el mal uso de Internet. Llevamos años oyendo hablar de escándalos y hackeos, pero hay una forma de manipulación, mucho más sutil, en la que todos podemos participar: los bulos. Estas falsas noticias, circulan por internet y las redes sociales con gran rapidez. Un ejemplo muy habitual: “la cura del cáncer secreta“. Contra esto, Maria Blasco, directora del CNIO, argumenta que ‘para frenar la situación de desinformación que estamos viviendo, todo pasa por la educación y el pensamiento científico’.

“Para frenar la situación de desinformación que estamos viviendo, todo pasa por la educación y el pensamiento científico. Esto nos permitirá cuestionar y comparar cosas que no son verdad con las que actualmente sí lo son.” Maria Blasco

Es cierto que la ciencia se postula como solución a estos problemas, sin embargo, la desconfianza que esta a veces genera y su constante necesidad de actualización son dos grandes barreras a las que tiene que enfrentarse. El ámbito científico siempre se ha visto como una realidad apartada en la que trabajan personas en un ‘no sé dónde’, y de ahí que sea uno de los campos que más esfuerzos realiza en materia de divulgación. De hecho, en el campo del cáncer en particular, al tratarse de un problema a escala global, esta necesidad de conocer los procesos de la investigación se acentúa.

Conocer la ciencia y acercarse a ella es fundamental para generar la confianza social que necesita, pero esto es imposible de conseguir sin una voluntad que la muestre de manera clara, cercana y transparente. El CNIO, aparte de ser un centro de referencia en investigación e innovación, también realiza tareas de educación, de hecho, casi la mitad de su plantilla investigadora se encuentran en período de formación. Además, sus esfuerzos por mostrar su ciencia y fomentar vocaciones científicas siempre ha estado presente. Hace un año, fruto de este compromiso, nació el proyecto CNIO & The City con el fin de estrechar lazos con la comunidad educativa. En su concepción, quiso apartarse de las iniciativas que ponen el foco exclusivamente en los más jóvenes añadiendo un target más: el profesorado. Empujado por la misión de educar en ciencia, algo que comparte con la docencia, el proyecto amplió sus actividades con los Cursos de Formación “Stop Cancer” para el profesorado de Secundaria y Bachillerato. El objetivo de estos cursos es actualizar el conocimiento docente en materia de ciencia, investigación y cáncer y así poder trasmitírselo a los alumnos a través de la vía directa de los profesores. Una formación 2×1 que, por cierto, tiene ahora mismo su matrícula abierta.

Fotos del Curso de Formación para el Profesorado que tuvo lugar entre septiembre y octubre de 2017./CNIO

El año pasado, treinta profesores pudieron asistir a esta formación que se hizo en colaboración con el Centro de Innovación y Formación Madrid-Oeste y su valoración general fue excelente. ‘A veces, solo apreciamos lo que conocemos’, comentaba una profesora participante. Esto pone de manifiesto la necesitad de seguir apostando por estas iniciativas como forma de compartir conocimiento y combatir los bulos, las noticias sin rigor y las falsas esperanzas a la que nos sometemos cada vez que encendemos el móvil o el ordenador.

PD: por cierto, “la cura del cáncer secreta” no existe:

2018-08-24T11:09:08+00:0028/06/2018|

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